… “creíbles para ser estables y estables para ser creíbles”
Mi sentencia es que el sistema
político-electoral ha implosionado-colapsado, después del socavamiento
institucional y técnico al que fue sometido de manera principal el Consejo
Nacional Electoral. En un momento de la historia, emití un criterio acerca de
la agenesia de la democracia electorera. Esta misma, cooptada de manera
liberal, nacional y libre ha dado sus peores resultados en la capacidad de gestión
de los organismos electorales en administrar procesos electorales (uno de los
once indicadores de integridad electoral).
El sistema político-electoral DEBE auscultarse con profundidad y seriedad, así como, con decisión política para alcanzar cambios en la normativa administrativa electoral, en la de financiamiento, transparencia y fiscalización del dinero en política, de la actividad registral y su uso en la habilitación de ciudadanos-votantes-electores y de la disputa judicial electoral.
Como tema cíclico de cada cuatro años cuando el gobierno cambia, aparecen los temas de siempre, esos que en no pocas ocasiones se utilizan como placebos, porque no pasan de la propaganda oficialista que se percibe prometedora, que en el devenir de los días, los meses y los cuatro años no pasan de ser publicidad engañosa como comercialmente existe.
En el tema de reformas electorales, un visitante del istmo, durante una visita al país mencionó una frase muy común a nivel de quienes discuten sobre los temas electorales, cuya máxima define que en el tema de reformas electorales están deben ser creíbles para ser estables y deben ser estables para ser creíbles. Tal condición es inexistente en la práctica política que debe definir una normativa clara, que se aleje de las expresiones cuasimágicas como “… la ley de la transparencia electoral” que se convierte en una ficción o entelequia por el comportamiento histórico de incontinencia al irrespeto de la ley por parte de los partidos, de los ciudadanos candidatos y de aquellas personas que fungen como autoridad, que idealmente deben hacer cumplir con su aplicación correcta, sin sesgo político, pero que como norma, sin excepción, se cumple, se práctica y se niega por omisión perniciosa de quienes ostentan tan altas instancias electorales y registrales.
El partido que recién recupera el espacio para intentar gobernar, ha hecho uso mediático de su interés por revisar y reformar el “agenésico sistema” (nomenclatura propia) para aprobar cambios profundos que recuperen el socavamiento provocado por los partidos políticos que cooptaron la institucionalidad. En ese orden el partido del segundo lugar, de igual, ha hecho eco de su compromiso por “rehabilitar” el minado sistema y sin duda, que entre los escenarios más óptimos de cambio profundo por lo técnico electoral, no podemos descartar lo de costumbre, que no suceda nada y será la condena de un sistema electoral que de acuerdo al jefe de la misión de observación de la OEA, el elemento técnico de la elección en Honduras a retrocedido al valor de 56, que se alcanzó con la elección del 2021 como un avance a la nada memorable elección del 2017.
El Congreso Nacional y la eventual comisión electoral deben considerar la máxima de las reformas electorales “ser creíbles para ser estables y ser estables para ser creíbles”. Esta condición no será fácil de cumplir, salvo mejor criterio de los partidos políticos que alcanzan los 86 votos que se requieren en materia electoral y le ofrezcan a la ciudadanía reformas comprometidas con la integridad electoral comenzando con salir de la alta administración y de los demás organismos electorales como las juntas receptoras de votos y nos sacudamos del “estigma” de ser el único país en el mundo donde los partidos son juez y parte como coadministradores del proceso electoral.
El reto es grande para que las
reformas electorales de 2026, sean “creíbles para ser estables y estables para
ser creíbles”, al menos como excepción porque la norma de la práctica política ha
sido contraria.
La buena fe, no la de los hospitales móviles, sirva para que los partidos políticos en el Congreso Nacional actúen consecuentemente con su promesa de cambios, sino por convicción democrática (no existen evidencias históricas, menos vigentes) sea por OBLIGACION democrática.
Al cierre
“La eficiencia no genera legitimidad en forma automatizada” David van Reybrouck en “Contra las elecciones” Còmo salvar la democracia
Denis Fernando Gómez Rodríguez
Honduras-Centro América
30 de enero de 2026
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Pulso de la Nación-primera parte: de la
democracia criolla ¿ficción o realidad?
Pulso de la Nación-segunda parte: de la
democracia electorera ¿ficción o realidad?
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