"persecusiòn polìtica "
“persecución política”
En la región del Continente donde habito, desde
siempre la palabra probidad se mala palabra, especialmente de aquellos
ciudadanos que hacen práctica política de “derecha”, de “izquierda” o de nada,
porque los que se autodefinen “anticorrupción”, no tienen ideología, aunque creen
serlo, sin realmente lograrlo, aunque lo reclamen.
En la historia de esta nación solamente existe un prócer
-de los originales, verdaderos- a quien se le reconoce como probo, del resto,
entre ellos los de mayor popularidad no existe la mínima mención de que hayan
sido amigos, colaboradores y promotores de la probidad.
Si la mayoría de nuestros próceres no fueron cercanos
a la probidad, no es de extrañar que aquellos conciudadanos que les precedieron
hasta hoy estén alejados de una reseña de probidad y de ética-esta última ausente
de la práctica política diaria, sean de derecha, sean de izquierda o sean de nada.
La historia de siempre y la de ahora, registra
momentos donde los que hacen práctica política han hecho uso de interminables
eventos, que independientemente de la ideología, han sido nefastos con el
erario, por saqueos que se revisten de esa impunidad-impune que nos
caracteriza.
Lo cierto es que cuando la débil investigación y la también,
lábil auditoría del estado (cumpliendo el dicho que “musico pagado no toca buen
son”) logran encausar algunas prácticas delincuenciales, los encausados se
quejan de persecución política, se ausentan del territorio, al domiciliarse en “paraísos”
de impunidad, mientras el gobierno contrario que les acusa, gobierna y terminar
su respectivo “desgobierno” regresan al suelo patrio para buscar la absolución
de todas las evidencias-acusaciones (pro ser mera persecución política).
Con las acciones anteriores se disipa la culpa de la evidencia
y se rescata la honorabilidad partidista-partidaria y sectaria donde se constante
que el manejo de los fondos públicos ha sido “impoluto, diáfano, aséptico y de
manera inocua”. Aquí, la mayoría de funcionarios públicos malversa fondos, pero
todos so sobreseídos de culpa, sean los representantes perversos de la derecha recalcitrante,
de la izquierda intolerante y metaética, del centro., y peor, los de la nada a
quienes hemos identificado con anterioridad.
La probidad es mala palabra, nadie en la práctica política
la menciona, menos se compromete y la ausencia de la misma, permitirá, por omisión
perniciosa, la “comisión” del 30% que se reclama en el gobierno y se concede
desde la empresa privada, que dice no ser corrupta, pero corrompe. Y seguirá el
mismo estribillo de siempre, el de cada cuatro años; es “persecución política”,
porque nosotros no somos probos, pero no robamos-no saqueamos el estado, eso
solo lo hacen los adversarios”.
Mientras la delincuencia de la práctica política siga
gozando de la impunidad-impune, de sus perversidades ambidiestras, será difícil
trascender económica y socialmente porque la probidad debe ser la norma, pero
desde siempre y hoy, todavía sigue siendo una excepción a la regla, de muy baja
recurrencia debido a que la honradez no genera ganancia alguna y tampoco
prestigio.
De donde la persecución delincuencial, muta en “persecusiòn
política”… y se disipa
Al cierre:
“Allá
los otros con lo que digan de ti, pues han de hablar; porque todo lo que digan
quedará circunscrito también por este pequeño espacio de las regiones que ves,
ya que jamás fue perenne la fama de nadie, pues desaparece con la muerte de los
hombres y se extingue con el olvido de la posteridad”. Marco Tulio
Ciceròn
Denis Fernando Gómez Rodríguez
Maryland, EUA
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