de negociar la impunidad-impune
Por este territorio con cierta recurrencia, mayor a la esperada, se comenta a “vox populi” que cada cuatro años o en defecto, entre los mismos, los que gobiernan y los que “cogobiernan”, literal o de manera figurada, negocian los apoyos a iniciativas a cambio de “favores” y a cambio de “olvidos”. Lo cierto es que ese rumor, si no es real, es ficción y esta última no sería extraña porque el quehacer diario de la práctica política se adorna-se viste- con ficciones o entelequias centenarias, propias de una especie de democracia híbrida, entre la autoritaria y la frágil-lábil y sus disfuncionalidades propias e inconfundibles.
Aparte de las ideologías que
los partidos reclaman en voz alta, no hay diferenciación mayor, tampoco
altamente significativa en la práctica política. La tentación del poder, que además
es adictiva, provoca que quienes han gobernado y quienes gobiernan queden empatados
en actos de corrupción, unos mayores que otros, es cierto, pero en el fondo se protege en la corrupción impune que no tiene ideología.
La negociación de la corrupción
es histórica, las negociaciones (no el diálogo) también. Solamente cambian
quienes son los beneficiados, para citar ejemplos recientes, los actos de corrupción
del gobierno anterior, han quedado impunes, los actos delictivos anteriores de
quienes ahora gobiernan también. Para la campaña política y la propaganda, el país
es primero y sigue siendo primero, si no alcanzan a granar y quedan como “oposición”,
en la práctica semeja ser más placebo que real. Para la agrupación partidista
que logra el gane, la promesa de campaña se diluye y al “olvidarse” por omisión
perniciosa, con premeditación, alevosía y ventaja, se ejecutan las mismas
acciones que se criticaron o peor, se sobrepasan sin asomo de vergüenza alguna
porque “la avaricia rompió el saco”, dice la expresión popular.
Para los partidos políticos
que has aspirado a gobernar, el cumplimiento de los artículos 235 al 245 y de
manera puntual con el 245 y las 44 funciones asignadas como unidad de medida de
gestión o como en gestión de recursos humanos, los indicadores de desempeño (KPIs).
El no cumplimiento de los mismos genera con suficiente fundamento, que nos han
desgobernado y siguen desgobernando.
La consigna del gobierno
de turno es la de “un gobierno que hace” … y que como epitafio puede complementarse
con; lo mismo; poco como ejemplos de complemento al lema oficial. Se aclara que los gobiernos anteriores, de igual manera, han tenido más temas que contenido, porque la impunidad es una matriz enquistada que a la mayoría, por no escribir a todos los que gobiernan, les interesa cumplir. En el fondo del asunto, la población
en general, incluidos los 4-5 de cada 10 que no tienen partido político, son
quienes sufren del saqueo ancestral hoy vigente y actualizado.
Qué hacer ante tanta desidia-negligencia
y abuso. De momento, la impunidad sigue impune y seguimos a la espera, como excepción a la regla, de que se cumpla como excepción discrecional de que la impunidad durará hasta que lo impune desaparezca. De momento, ninguna agrupación política como
medio de participación política puede presumir de bañarse en el río Ganges,
al menos una vez al año.
Al cierre
“Me pregunto en qué
clase de sociedad vivimos, qué democracia tenemos donde los corruptos viven en
la impunidad, y al hambre de los pueblos se la considera subversiva".
(Antes del fin, 1999).” Ernesto Sabato
Denis Fernando Gómez Rodríguez
MD-EEUU
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